Las abuelas

Las abuelas existen para hacer que los niños/as se sientan queridos por encima de todo. Da igual cómo seas, lo guapo, alto, bueno o travieso que seas ellas, siempre te querrán. Porque tienen la capacidad de mirar a través de tu cuerpo hasta llegar a tu alma, y allí, en ese lugar, ven cosas que nadie más puede ver.

Te llevan a jugar al parque, te hacen de comer lo que más te gusta y nunca, nunca, jamás te dicen que no. Aunque a veces digan lo que piensan sin tapujos. No tienen ni idea de lo que es pedagógicamente correcto, de lo que se debe o no debe hacer, pero eso da igual, porque son necesarias.

Tú creces, y sabes, que no eres ni el más guapo, ni el más alto, ni el más talentoso, pero sabes también, que hagas lo que hagas siempre habrá alguien en el mundo que te haga sentir especial, alguien que siempre será tu mayor fan.

Por eso son necesarias, porque en la vida necesitamos un lugar seguro, un refugio, una isla en la que cobijarnos cuando el mundo se vuelve demasiado gris. Y no hay nada más cómodo que el regazo de una abuela.

Y cuando somos pequeños disfrutamos de sus abrazos, besos y palabras de afecto.  Las observamos y aprendemos sobre las cosas que ya casi nadie sabe o no tiene tiempo de hacer, como masa casera para la pasta, coser, tejer, cultivar plantas…

De mi abuela aprendí que nunca es tarde para aprender, para trabajar, aunque antes las mujeres lo tuvieran más difícil. Que siempre es importante seguir aprendiendo. También me enseñó a respetar a todos los seres vivos, y a ponerle nombres a las arañas. Y los nombres de las flores y las propiedades medicinales de los alimentos.

Me enseñó que la naranja y la manzana iban genial en la ensalada y fue con ella con la que probé por primera vez el aguacate. Mi gurú culinaria y en la vida.

Mi abuela me descubrió el aguacate y no Instagram. La reina de las recetas, la que era capaz de hacer las mejores tartas. La que usaba el té para curarlo casi todo, y que me enseñó a adorarlo.

La señora moderna, coqueta, dulce. Cada vez que veo un Tulipán me acuerdo de ella. Gracias, abuela, por regalarme los Tulipanes.

De mi otra abuela descubrí los cuentos. Cómo alguien podía inventar los cuentos más curiosos y estrafalarios, siempre con nosotros, sus nietos, de protagonistas.

Me enseñó, aunque sin proponérselo, que la vida son dos días y que es mejor pasarlos riendo. Contando chistes, anécdotas locas y disparatadas, socializando y hablando con todo el mundo. Me enseñó que se puede ser una mujer fuerte e independiente a pesar de haber nacido en una época complicada para las mujeres.

Me enseñó que la mente es mucho más poderosa de lo que creemos y que nunca es tarde para hacer lo que te gusta y para disfrutar de la vida. La mujer loca, graciosa, siempre con una sonrisa que ofrecer. La que se manchaba más comiendo un helado que un niño de dos años, porque estaba tan entretenida charlando que se olvidaba de todo lo demás.

De las dos aprendí que en sus manos todo florecía, crecía y se convertía en algo bonito. Que la palabra resiliencia la conocían, pero no por haberla estudiado si no por haber tenido que hacer uso de ella en muchos momentos de su vida. En ellas la palabra fortaleza, no tenía nada que ver con lo físico, si no que era mental.

Las abuelas son necesarias porque sin proponérselo te transmiten un legado que habla de tus raíces, de tu origen, que queda en ti para siempre y luego transmitirás a las siguientes generaciones. Y lo bonito de esto es que lo haces sin ser consciente de ello. Es como si la esencia de los que te precedieron viviera en ti.

Y cuando crecemos y nos hacemos adultos, cerca de ellas seguimos sintiéndonos niños y nos regocijamos pidiéndoles ese bocadillo tan rico que siempre nos hacía. Las escuchamos repetir las mismas historias una y otra vez, y vemos como se vuelven a emocionar con las historias tristes y como se alegran con las felices… Porque ser abuela o abuelo significa vivir las historias como si hubieran pasado ayer. Y junto a ellos aprendes a ser paciente, a escuchar, a emocionarte una y mil veces con esas mismas anécdotas.

Y no nos irritamos si nos llaman con los nombres de todos sus nietos hasta llegar al tuyo (Sin distinción de género). Porque sabes que guarda un trocito de su corazón para todos.

Aprendes a bajar el ritmo, en todos los sentidos. Porque cerca de las abuelas el tiempo se ralentiza y viajamos al pasado, y andamos más lento y observamos el mundo desde sus ojos, y aprendemos que todo en su mundo es un trabajo hercúleo, desde recordar dónde puso los anillos, hasta levantarse del sofá.

Aprendemos a admirarlas y a respetarlas por ello y a veces nos desesperamos, porque nosotros queremos ir rápido, pero para disfrutar de verdad la vida hay que ir lento, despacio, sin prisas y sin hacer mil cosas a la vez. Y eso las abuelas lo tienen dominado. Porque ya no les queda mucho por lo que preocuparse y sólo tienen que ocuparse en vivir.

Pero también vemos, cómo pasa el tiempo por sus cuerpos y sus mentes y como esa vida se vuelve cada vez más difícil para ellas, y sufrimos y nos damos cuenta de cómo es la vida, de lo dura que es y de que muchas veces vivimos pensando que somos eternos.

Los abuelos nos dan un tirón para que volvamos a la realidad y para que comprendamos que no somos invencibles y que tenemos que valorar la vida y estar agradecidos por ella cada día.

Las abuelas, son necesarias, aunque malcríen, porque ya “biencriaron” a nuestros padres y ellos nos educan a nosotros. Pero ellas pueden hacer lo que quieran, porque con el título de “abuela” viene también el título de “hago lo que me da la gana”.

Y está bien, las abuelas son necesarias, porque pasan tan rápido por nuestras vidas que nos enseñan a atesorar los momentos, a vivir el presente y a emocionarnos con las historias como si las hubiéramos vivido ayer. Nos enseñan a ser niños otra vez.

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5 comentarios

  1. Ana Maria Lamberti

    Hermosas palabras que encierran amor, ternura, recuerdos unicos con esos personajes inolvidables de nuestra vida. LAS ABUELAS!

  2. Silvia

    Decir que me gusta queda muy pequeño Mica, me encanta, me emociona hasta las lágrimas y me pone orgullosa de la hermosa persona que sos, te adoro preciosa. Ponés en palabras lo que muchos sentimos. Eso es un arte también.

  3. Liliana

    Qué orgullosas estarían las abuelas de ver su legado en ti y tu hermano y primos, precioso mensaje

  4. Gracias!!!!! Dije lo que me salió del corazón 🙂 🙂

  5. Silvia

    Simplemente hermoso…

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